Las estrellas esta noche lloran la ausencia, el viento fresco sobre la cara impide que mis lagrimas choque contra el suelo, la soledad que me invada desde mi casa hasta el lecho donde habita la muerte acompañada es eterna, avivo mis pasos pero el frío se hace húmedo en mis huesos, mis pensamientos dan un giro hacia el añorado pasado donde me he encontrado en más de una ocasión con su mirada, con su sonrisa.

Llego, entro y el dolor lo invade todo, susurros, lágrimas palabras entrecortadas, ojos rojos, piel sufrida dolor del alma, dolor de lecho de muerte, allí donde empieza el respeto por lo que fuiste y lo que serás a partir de ahora en nuestros corazones. Ya se apago la llama de la vida, ahora te nos dejas tan solo la tristeza, la amarga tristeza que se pega en la garganta sin poder tragar, me cuesta escribir, me cuesta pensar, me cuesta llorar, porque se que tu, la que tanto temías a la muerte ahora estas con ella, pero no importa esté mismo mediodía tus nietos te han raptado, se la han quitado de las manos para pasarla por sus corazones, aunque el dolor pesa en las sienes en el alma, tu y el recuerdo es más potente que que la propia muerte, porque mientras que la llama de tu vida se apago, en sus corazones, en el de tus hijos, en el de tus nietos y hasta en el mío, has florecido como un árbol perenne que nunca morirá, como una llama eterna que siempre nos iluminará.

Por ti Sra., Remedios.