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La Coctelera

rafarodrigotaita

9 Junio 2009

San Onofre Patron de Quart de Poblet

Siempre me llamo la atención una imagen que se encuentra en la Iglesia de San
Francisco en Caracas (Venezuela).Bueno...en realidad me llamo la atención las 162 medallas de graduación que tiene a los lados!.Cuando por fin me decidí a investigarlo encontré que en las paginas WEB la palabra San Onofre es ¿desconocida?.Así que decidí hacer esto.

Onofre fue un varón de obras admirables y encarecido en la vida eremítica del desierto. Moraba en un monasterio en Abage, llamado Eremopolites, donde cien monjes, verdaderos siervos del Señor, poblaban sus claustros, cuando el deseo de mayor perfección le movió a dejar el convento y vivir en el desierto, a imitación del profeta Elías y San Juan Bautista. Toma, pues, las provisiones necesarias para el camino, puesta su confianza en Dios; sale del monasterio y entra en el desierto. Guiado por una luz celestial, se internó en aquella soledad venciendo obstáculos y quebrantado de fatiga, cuando había caminado unas siete millas, llego a una cabaña cuya puerta estaba cerrada. Onofre llama y un venerable ermitaño de larga y canosa barba, aparece al instante ante su vista. El joven monje de Tebas cae a sus pies penetrado de admiración; el santo anciano levantándole le dijo:

"Te aguardaba, Onofre, que...como ves, sabia de antemano tu nombre; ni me son desconocidos tus deseos, ni ignoro para lo que el cielo te reserva: persevera, pues, hijo, en tu propósito y entra en mi choza a descansar algunos días."

Durante la estancia de Onofre al lado del santo ermitaño, este le instruyó en las reglas que debía observar y cuando lo creyó conveniente, lo llevó a un paraje que estaba cuatro días mas adentro del desierto, donde hallaron una palmera que daba sombra y frescura a una pequeña choza. Y dijo:

"-Este es el lugar que Dios te señala."


Allí se quedó Onofre, visitando, una vez al año, a su guía y maestro. Treinta años después el Señor llamó a su gloria a aquel venerable ermitaño y Onofre acudió a su choza a tributarle los últimos deberes. La vida de este santo ermitaño en el desierto era tan austera que excede a toda descripción. Desnudos sus miembros, ora tiritando de frío, ora abrasándose bajo los rayos de un sol inclemente, tan pronto devorado por el hambre como pronto a perecer de sed y cansancio, nunca decayó el ánimo de Onofre, ni fue menos su viva confianza en el Todopoderoso.


Sus austeridades y su larga y continua oración aumentaban todavía más las penalidades de una vida que sólo pueden sobrellevar esos grandes hombres "que se ofrecen como víctimas expiatorias del género humano".


El Señor lanzó una mirada de compasión sobre este digno siervo y viniendo en su ayuda, mandó que la palma produjese los dátiles necesarios para su sustento y que un ángel depositara en la pobre choza de Onofre el pan y el agua cotidianos. Tan visible misericordia del Señor empeño a Onofre a proseguir, con mayor fervor, su carrera de mortificación y redoblando las penitencias y consagrando los días y las noches a la oración y meditación de las bondades celestiales, probó al Señor cuánta era la gratitud de su alma y el ardiente deseo de caminar siguiendo las huellas del Redentor del género humano.
Después de sesenta años de una vida penitente, sin comunicación alguna con ningún hombre, entregado enteramente al Señor, retirado del mundo y de sus cosas, vio un día Onofre a un varón respetable que estaba a cierta distancia postrado de fatiga. Acercase a él con paso presuroso, mas el aspecto salvaje que le daban su desnudez y sus maceraciones infundieron tal temor en Pafnufio, que así se llamaba el recién llegado, que huyó a lo alto de una colina. Onofre le sigue hasta la falda del monte y, tranquilizándole, en altas voces, acerca de su presencia, le exhorta a que deponga su temor y baje al llano. Pafnufio accede, al fin, a los ruegos del ermitaño y juntos se dirigen a la cabaña de éste, donde hallan preparada la comida milagrosa debajo de la palmera. Allí le cuenta Onofre toda su vida, los grandes beneficios que había recibido del Señor y el modo como había pasado más de medio siglo en el desierto

2. Vida de San Onofre según Pafnufio.

Un cierto día yo, Pafnufio, el más pequeño, lleno de celo, pensé dirigirme a lo más adentro del desierto para ver si algún otro hermano, en sitio más avanzado que yo, hacía de monje sirviendo a Dios. Levantándome con presteza me dirigí hacia el interior del desierto. Para el camino apenas tenía conmigo unos pocos panes y un poco de agua, que por cuatro días fueron suficientes para satisfacer mis necesidades. Pasados los cuales y tomado el abastecimiento, con penoso ánimo comencé a enfermar vencido por la penuria y escasez.

Al instante, implorando la gracia divina, recobré las fuerzas y proseguí el camino, aunque la muerte aparecía ante mis ojos. Otros cuatro días con sus noches sin degustar pan ni agua.Tanta era mi debilidad que caí en tierra, como empujado a la muerte por la sed y el cansancio. Cuando he aquí que veo a un varón insigne por su fulgor, con vestiduras blancas que se me acercó, tocó mis labios con sus manos y, al instante, me sentí tan recuperado que, alejada el hambre y la sed, puede seguir mi camino.

Después de ver aquella grande y terrible visión, caminé animoso hacia lo más interior de la soledad y caminando diecisiete días exactamente, observé, de lejos, un hombre que venía hacia mí con un terrible aspecto. Su cabello erizado le cubría todo el cuerpo, al estilo de las fieras. Se ceñía alrededor de la cintura con hierbas secas del desierto. Dirigiéndose hacia mí y acercándose más, se apoderó de mí un gran temor. Ascendí a la cima de un monte convencido de que era un homicida, pero él se adelanto hasta la falda del monte, se sentó a la sombra, estaba muy quebrantado a causa de su avanzada edad, la escasez de alimento, el calor y los trabajos que había aguantado en el desierto y mirando al monte y mirándome a mí, me dijo:

"-Baja hasta mí, santísimo varón, yo también soy un hombre sujeto a las mismas debilidades que tú y que he permanecido en esta soledad por amor a Dios."

Cuando escuché estas cosas, bajé rápidamente hacia el, me arrodillé a sus pies. El me dijo:

"-Levántate, hijo mío, porque tú también eres siervo de Dios y de los Santos Padres."

Dicho esto, me levanté. Fui digno de sentarme a su lado y, sentado junto a él, en muchas ocasiones, le rogué insistentemente que me dijese su nombre y me contase su vida.

3. Confesión de San Onofre

Respondiendo dijo:

"Me llamo Onofre. Hace sesenta años que vivo en esta soledad. Ando errante por los montes al estilo de las fieras. Me alimento con hierbas y con frutos del desierto. No he visto en todo este tiempo hombre alguno excepto a tí. En otro tiempo moraba en Abage, un monasterio de la región de Tebaida que se llamaba Eremopolites, en el que viven cien hermanos que tienen un mismo pensar y una misma fe, participan en la caridad de una mesa común, llevan una vida en perfecta paz, salen a sus labores en profundo silencio y alaban la bondad de nuestro Señor Jesucristo. Mientras estuve allí, les oí conversar del admirable Elías y de San Juan Bautista, como no hubo nunca ningún nacido de mujer mayor que él. Escuchadas tales conversaciones, me conmoví...¿Acaso los que habitan en el desierto no son mejores que nosotros ? Y me dijeron aquellos venerables ancianos, ser así.

Nosotros, a diario, no vemos a nadie; frecuentamos con alegría las reuniones comunes; cuando sentimos hambre, tenemos preparado el pan; cuando sentimos sed, tenemos el agua a mano; si ocurre que alguien se enferma, tiene compañeros que le atienden, porque vivimos en común; es más, si sintiéramos envidia unos de otros, lo ofrecemos por amor a Dios. Sin embargo, los habitantes del desierto se encuentran desprovistos de todas estas cosas.¿De dónde van a tener todo eso?

Si les sobreviene la aflicción o la guerra, el lazo del enemigo, dime, por favor...¿ Dónde hallarán un hombre que puede serenar y consolar su mente?

Si les falta la comida, no es fácil de obtener; igualmente si la garganta se les seca por la sed, no hay agua por ninguna parte.

Así, estos hermanos trabajan demasiado cuando, internados en el desierto, abrazan seriamente el yugo del Señor y se entregan a los ejercicios soportando gozosamente el hambre y la sed; esforzándose por vencer las luchas interiores a quienes hace la guerra la virtud recorriendo la vía estrecha del Señor."

Una vez que el Santísimo padre Onofre me hubo explicado estas cosas...al Amanecer, vi su rostro cambiado ofreciendo el aspecto de un muerto. Dándose él cuenta, dijo:"-No temas, hermano Pafnufio, Dios, misericordioso con todos, te envió aquí para que cuides de mi cuerpo y de mi sepultura. Tú hermano amantísimo, si sales de aquí hacia EGIPTO, anuncia mi muerte como aroma de incienso en medio de los Hermanos y de todo el pueblo cristiano.


SI ALGUIEN OFRECIESE A DIOS SACRIFICIOS EN MI NOMBRE O ACORDANDOSE DE MI, SERA CONTADO ENTRE EL NUMERO DE TODOS LOS SANTOS Y SE VERA LIBRE DE TODAS LAS TENTACIONES.-Esto es lo que yo he rogado al Señor. Por lo cual, si alguien diere de comer en mi nombre a cualquier hermano, mendigo, etc. Yo me acordaré de él ante nuestro Dios el día del Juicio y éste irá a la heredad de la vida eterna.

 

San Onofre:...

Según la leyenda local, Onofre fue una mujer joven y muy guapa, cuando se le murió el marido, los jóvenes del pueblo empezaron a molestarla con la intención de estar con ella. Pero ella era muy religiosa y suplicaba al Dios cada día para que le salvara de aquellos jóvenes. Al final, un día, cuando se despertó, ya tenía el problema resuelto con un bigote y barba en la cara.

La forma de la pintura en la capilla de Serpiente del monasterio de Göreme, un museo actualmente, creo esa leyenda en las aldeas de Capadocia, entre los que no conocían San Onofre. En realidad San Onofre no fue una mujer, al contrario un ermitaño que vivió en el desierto de Egipto durante 60 años, siglo IV. Pafnoutio fue su discípulo y en una de sus visitas a los solitarios, lo descubre ya muy enfermo y extrañamente vestido y desfigurado de cuerpo, barba y cabellera; le acompaña en sus últimas horas. El escribió la vida de San Onofre.

Es un santo muy honrado en la actualidad por los cristianos coptos. Es Protector de los viudos, ayuda en el trabajo y otras gracias urgentes.

servido por Rafa 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

abril-ale

abril-ale dijo

Pensar q nosotros paramos quejándonos de todo. ¿Soportaríamos una semana en esas condiciones? Difícil.

Gracias por compartir la historia de la vida consagrada de San Onofre.

Besitos.

9 Junio 2009 | 10:23 PM

yeidylayei

yeidylayei dijo

me cuesta leerlo....pero debe de ser una buena historia....san onofre me suena aqui en mi colombia a un publito costero..te dejo saludos..besos...

9 Junio 2009 | 10:39 PM

florendymar torres

florendymar torres dijo

yo soy devota al san onofre le ofreci si me concebia un trabajo si se me da debo montar el altar cumplir con mi promesa

22 Septiembre 2009 | 03:29 AM

Rafa Rodrigo

Rafa Rodrigo dijo

Me alegran vuestros comentarios, pero Floren estoy seguro de que vas a tener que cumplir tu promesa, ya me lo diras.

22 Septiembre 2009 | 03:46 PM

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rafarodrigotaita

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Mi nombre es Rafa Rodrigo, soy de Quart de Poblet (Valencia) y me encanta la música, disfrutar de los momentos, y compartir experiencias con mis amigos, y con la buena gente.

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