Bette Davis historia Viva de una DIVA
Para mi no existe estrella en el firmamento de del Cine que Bette Davis, existen otras muchas grandes actrices, pero como ella ninguna, capaz de emocionar, odiar. En cada una de sus interpretaciones yo recuerdo a la TV en blanco y negro en casa encandilado viendo su interpretación, y ahora gracias al DVD estamos, los amantes de Bette Davis que somos muchos, recuperando la memoria de su filmografia, yo tenia muchas cosas en Video, pero ya era hora, que se hiciera justicia con sus films, esta misma tarde he podido comprar 4 nuevos titulos publicados en DVD.
La Solterona (una de mis preferidas) La gran mentira, Como ella sola y El cielo y tu, también tengo todos los titulos publicados hasta la fecha, pero ahora viviendo el centenario de su nacimiento, solamente puedo decir "gracias por hacerme vivir unas sensaciones que ninguna actriz consiguio" Gracias Bette, aqui os dejo una biografia que he recogido de internet y que me parece muy interesante, espero os entretenga y os haga amar mucho mas a esta GRAN ACTRIZ.
Aqui os dejo el enlace de la pag web de donde he sacado esta biografia, pero hay muchas mas cosas, os animo a visitarla es Genial y vale la Pena
http://perso.wanadoo.es/bettedavis/inicio.htm
Capítulo 1
Una infancia marcada por un divorcio
Ruth Elizabeth Davis, más conocida como Bette Davis, nació el 5 de abril de 1908 en Lowell, en el estado de Massachusett (Estados Unidos). Su madre, Ruth Favor, se casó muy joven con un joven al que conocía desde los siete años llamado Harlow Morrel Davis. La boda se celebró el 1 de julio de 1907. Cuando Ruthie se quedó embarazada, esto no gustó nada a su marido, que no deseaba tener un hijo en esos momentos.
La niña fue bautizada como Ruth Elizabeth Davis y apodada “Betty”. Desde un primer momento Harlow mostró un manifiesto desprecio hacia la recién nacida. No le hacía el menor caso y vivía volcado en sus libros de derecho. Sensible a la carencia afectiva de Betty, Ruthie trató de resarcirla de la rigidez de su esposo dándole casi siempre una excesiva manga ancha.
Su segunda hija , Barbara, apodada Bobby, nació en octubre de 1909 y fue igualmente denostada por su padre.
A medida que la personalidad de Bette se fue manifestando con más claridad y contundencia, creció el desapego de Harlow. No obstante, los recuerdos de la infancia de Bette Davis son felices, excepto el frío vacío que le dejó su padre.
El matrimonio de sus padres se fue deteriorando. Con sólo siete años, Bette ya percibió que Harlow se había vuelto tan indiferente a Ruthie como a Bobby y a a ella misma. La convivencia con el arisco Harlow nunca había sido fácil para Ruthie, y ahora le resultaba insorportable; su hostilidad con las niñas, sus largos silencios y ausencias, acabaron por pasar factura. En 1918 Ruthie, no pudiendo soportar más la situación, se separó de su marido.
Ruthie y sus hijas navegaban ahora a la deriva. El divorcio era infrecuente en aquella época y fue algo que las niñas mantuvieron en silencio de cara a sus amigos. Tan terrible como el psicológico fue el impacto financiero. No obstante, Ruthie estaba decidida a que sus hijas recibieran una esmerada educación y eso solo podía conseguirse en centros privados, que eran caros. Ruthie encontró un primer trabajo en Nueva York y llevó a sus hijas a una escuela de ambiente rural pero prestigiosa. Las niñas se adaptaron estupendamente, hasta que Bette sufrió un pequeño accidente que le provocó quemaduras en la cara. En 1920 Ruthie perdió su trabajo y entonces decidió estudiar fotografía para más adelante poder ganarse la vida montando un estudio. Mientras tanto, ella y sus hijas sufrieron numerosas penalidades económicas y tuvieron que ir de pensión en pensión, a cual más lúgubre y triste.
En 1922 Ruthie estaba convencida de que con los conocimientos sobre fotografía adquiridos podría comenzar a trabajar como fotógrafa. Así, se trasladaron a East Orange, New Jersey, donde Ruthie se dedicó a realizar retratos familiares. Bette entró en la escuela secundaria de East Orange, pero su extrañamiento fue grande y no logró adaptarse.
Tras un periodo de vagar por varias pensiones a cual peor, y tras pedir ayuda económica a Harlow, el cual se la negó, Ruthie decide alquilar una pequeña casa en Newton, donde vivía su hermana Mildred. Ruthie sintió la necesidad de estar cerca de su familia tras un período en el que estuvo enferma. Ruthie dedicó parte la casa recién alquilada para desempeñar sus labores fotográficas. Por su parte, Bette, se adaptó mucho mejor a su nueva escuela y empezó por primera vez a despertar interés en los chicos.
Ruthie apuntó a las chicas en la academia Cushing de Ashburnham, Massachussets, una escuela preparatoria pequeña y prestigiosa, de nuevo demasiado cara para ellas. Bette se vio obligada a servir la comida a sus compañeros para poder pagar sus estudios.
Fue durante sus dos años preuniversitarios en Cushing cuando las diversas facetas de la personalidad de Bette Davis se aglutinaron en la fuerza irresistible que la definiría el resto de su vida. Ingresó en la escuela en pleno primer curso, y no sólo se reveló como una excelente alumna, sino que adquirió tanta popularidad que la votaron presidenta del consejo de estudiantes. Sus compañeras la recordaba como una persona muy enérgica y reivindicativa, segura y ambiciosa.
Durante el verano Bette tiene la primera oportunidad de estudiar danza y teatro en la escuela Mariarden, en New Hampshire, donde se despierta en ella el gusanillo de la interpretación y la pasión por el éxito. Su primera actuación ante público de pago fue “El sueño de una noche de verano” el 23 de julio de 1925. Su interpretación fue aclamada por sus profesores.
Cuando regresó en otoño a Cushing para estudiar su último año, ya se había inculcado en ella su obsesión por el teatro. Bette encarnó a la protagonista de la obra de fin de curso en junio de 1926 y fue aclamada por padres y alumnos.
Tras el verano, la familia regresó a Newton y allí Bette volvió a la melancolía de años anteriores por ver imposible realizar sus estudios teatrales. Bette se sentía triste y desorientada.
Capítulo 2
Del teatro al cine
La vida de Bette Davis cambiaría para siempre una noche que su madre la llevó al teatro para ver la obra de Ibsen «El pato salvaje». Actuaban la gran actriz Blanche Yurka y una joven revelación llamada Peg Entwistle. La obra, que narraba la historia de una joven no deseada por sus padres, impresionó muchísimo a la sensible Bette. La actuación de miss Entwistle (que años después se suicidaría arrojándose desde el rótulo de Hollywood por haber fracasado en el mundo del cine) influiría tanto en la joven que, al salir del teatro, ya había decidido que lo que más quería en este mundo era ser actriz.
Por aquel entonces también se produjo un insólito encuentro. Bette hizo una salida nocturna con un jovencito alto y desgarbado que respondía al nombre de Henry Fonda. Mientras que ella reconoce que se sintió inmediatamente atraída por él, Fonda jura que aquella muchacha de ojos grandes le dejó frío. Bette afirma que intentó besarla, mientras que él asegura todo lo contrario. Lo cierto es que la pareja nunca volvió a salir y que todo el asunto nunca quedó claro. Años después, sin embargo, cuando ambos eran ya estrellas de Hollywood, Bette hizo una afirmación sobre Fonda que puede resultar ilustrativa: «Henry es tan íntegro que, da asco», sentenció la actriz.
El primer hombre de su vida
En 1924, Bette conoció al que años más tarde se convertiría en su primer marido. Se llamaba Harrnon O'Nelson y estudiaba en la academia Cushing de Ashbumham, como ella. Harmon era un joven débil y retraído, pero con un cuerpo alto y atlético y unos románticos ojos oscuros. En una escuela donde lo normal para un chico era dedicarse al deporte, Harmon soñaba con ser músico y dirigía la orquesta de la Universidad. Eso hacía de él un personaje peculiar, pero no precisamente impopular.
La primera vez que se vieron, Harmon le preguntó: «¿Quiere usted cantar en el coro, miss Davis?» Naturalmente, Bette aceptó y desde ese momento ambos se hicieron inseparables. La joven se enamoró de Harmon de tal modo, que una noche le confesó a su madre: «¡Tengo que conseguirlo aunque sea lo último que , haga!» Lo cierto es que Harmon tenía demasiados sueños musicales como para ir en serio con una chica, y, aunque Bette intentaba forzar las situaciones, el tan ansiado primer beso no acababa nunca de llegar.
Cuando la pareja dejó de verse, Bette decidió dedicarse en cuerpo y alma a su sueño de ser actriz. Animada por sus profesores y con el apoyo incondicional de Ruthie, la joven decidió viajar a Nueva York e intentar ingresar en la prestigiosa escuela de arte dramático de Eva Le Galliene. Ésta era una profesora de gran dureza que aturdió a Bette con un mar de preguntas. Finalmente, después de hacerle una prueba en la que Bette no pudo resistir los nervios y se echó a reír, Eva Le Galliene le espetó: «Veo que su actitud hacia el teatro no es lo suficientemente sincera como para que yo la tome en serio. Buenos días.» Terriblemente afectada por esta declaración, Bette regresó a Massachussets donde empezó a consumirse de rabia y pesar. Si no podía ser actriz, no quería ser nada en este mundo. Después de algunas semanas en este estado, Ruthie decidió que las cosas no podían seguir así. Había que volver a Nueva York e intentar que su hija entrara en otra escuela. Una mañana, la madre entró en la habitación de Bette y, arrancándole las sábanas de la cama le gritó: «Levántate. Nos vamos a Nueva York»
Bette y su madre volvieron a la gran ciudad y esta vez consiguieron que ingresara en la escuela de Hugh Anderson, quizás no tan prestigioso como Eva Le Galliene pero sin duda un excelente profesor. Durante su estancia en la escuela de Anderson, Bette trabaría amistad con gentes que más tarde reencontraría en el mundo del cine, como Joan Blondell, César Romero o Lucille Ball. Por aquel entonces tenía 20 años. Anderson estaba tan entusiasmado con ella que le consiguió una prueba en el teatro que dirigía George Cukor en Rochester.
Encuentro con Cukor
George Cukor, uno de los grandes directores de Hollywood, autor de películas tan célebres como «Historias de Filadelfia», «Luz de gas» o «Ha nacido una estrella», era por aquel entonces un regordete y vivaracho director teatral dispuesto a dar oportunidades a los. actores jóvenes. Cukor, que siempre tuvo fama de ser un gran director de actrices, quedó encantado con la prueba de Bette y la contrató rápidamente hasta el final de aquella temporada y toda la siguiente. Bette debutó con un papel con el que también empezaría otra mítica actriz: Marlene Dietrich.
Cuando terminó la temporada, Bette fue engañada por un hombre que le dijo que era el gerente de un teatro en Dennis, una ciudad cercana. Bette viajó hasta Dennis para descubrir que aquel tipo la había engatusado esperando aprovecharse de ella. En el teatro de Dennis sólo consiguió trabajo como acomodadora. La joven se consumía esperando una oportunidad y memorizaba los papeles de todas las obras mientras acompañaba a los espectadores a sus localidades.
La tan ansiada oportunidad le llegaría de la mano de la veterana Laura Hope Crews -recordada por su papel de tía Pyttypat en «Lo que el viento se Ilevó»-. Laura Hope era la gerente del teatro y un día que necesitó a una muchacha para cantar una canción al piano, le ofreció el puesto a Bette. El problema era que no conocía la canción que debía cantar, así que su madre se pasó la noche corriendo de un lugar a otro para encontrar la partitura y poder ensayar. Cuando ya estaba desesperada, la encontró en casa de un párroco y de esta forma Bette pudo estar lista al día siguiente.
Reencuentro con Harmon y primeros éxitos
Por aquel entonces, Bette volvió a encontrarse con Harmon y ambos reemprendieron su relación, esta vez de forma más profunda.
La joven no tuvo demasiado tiempo para preocuparse. Pronto llegó la nueva temporada teatral y ella tuvo que volver a Rochester para cumplir contrato con la compañía de George Cukor. Allí, Bette trabajó al lado de Miriam Hopkins. Miriam pronto la odió porque se dio cuenta que aquella muchacha de ojos grandes era la única qué podía hacerle sombra en el escenario.
Pese a su buen resultado sobre las tablas, Bette no terminó la temporada con Cukor. En una compañía donde lo normal eran los líos amorosos entre sus componentes, Bette destacaba por su inflexible castidad (todo lo contrario que su rival, Miriam). Pronto se hizo impopular entre sus compañeros y, finalmente, fue despedida.
Sin embargo, su ascensión era ya imparable. Siguió trabajando regularmente y un día recibió una oferta que para ella fue muy especial. Blanche Yurka le propuso el papel que años antes había hecho Peg Entwistle en «El pato salvaje». Era todo un sueño que se hacía al fin realidad. Bette estuvo a punto de no poder aceptar porque justo entonces cogió el sarampión. La muchacha estaba desesperada, pero Blanche Yurka la tranquilizó con un simple «la esperaremos, miss Davis».
Bette estuvo magnífica en el papel de Hedvig y las críticas de todo el país la alabaron calurosamente. Pese a ello, el trabajo en el teatro empezó a escasear y entonces le llegó la oferta para hacer cine. Había que cruzar todo el país e irse a California. Acuciada por la falta de dinero, Bette aceptó no muy convencida y ella y Ruthie subieron a un tren que las llevaría a Hollywood donde la joven actriz tenía un contrato para trabajar en la Universal Pictures.
Capítulo 3
Triunfo en el cine, crisis en su primer matrimonio
Bette y Ruthie llegaron a HollyWood el 13 dediciembre de 1930. Aquéllos eran unos días revueltos en la «fábrica de sueños» porque un nuvo invento estaba cambiando por completo la industria del cine: el sonoro. Con la irrupción de las «talkies» muchas estrellas del cine mudo habían sido barridas de la pantalla y sustituidas por actores desconocidos hasta la fecha.
Hollywood era un lugar dominado por el miedo. Miedo a ser demasiado joven o excesivamente viejo, de que tu voz fuese aguda o grave, de que la próxima película que rodabas fuese un fracaso o de elegir un papel erróneo. Pero, especialmente, miedo a que el sonoro fuese sólo una moda pasajera y todos los cambios resultaran inútiles. Sólo una emoción superaba el miedo: la esperanza. Un mozo de gasolinera o una chica de la limpieza podían convertirse en estrellas de cine de la noche a la mañana y cambiar una modesta casa en el valle por una suntuosa mansión en las colinas. Pero el surtidor y el trapo esperaban en la sombra.
Cuando bajaron del tren tras un agotador viaje de cinco días atravesando todo el país, sólo encontraron a un fotógrafo. Bette y su madre debieron gastar sus últimos dólares en pagar un taxi que las llevara a un modesto hotel. La joven Bette pronto se desanimaría enormemente. Hollywood era un lugar caluroso y polvoriento, muy distinto al Nueva York al que estaba acostumbrada. La gente era fría y hostil, y la trataba con enorme indiferencia. Allí, sus éxitos teatrales valían menos que una moneda de diez centavos.
Bette había sido contratada por la Universal, una productora especialmente afectada por la llegada del sonoro y dirigida por un incompetente llamado Jr. Laemmle. La Universal estaba por detrás de la suntuosa Metro, la eficaz Paramount o la nueva y emprendedora Warner y dudaba todavía si sería acertado olvidarse de las películas mudas y dedicarse por completo al sonoro.
El mayor problema para las Davis era la falta de dinero. Bette había sido contratada por 450 dólares semanales, pero aún tardaría bastante tiempo en recibir su primer sueldo. Mientras tanto, Ruthie decidió que la única manera de levantarle el ánimo a su hija era dejar el cochambroso hotel en el que estaban alojadas y buscar una casa. Encontró una que parecía perfecta, pero el alquiler subía a 80 dólares. Entonces, Ruthie requirió la ayuda de Carl Milliken, un viejo amigo de la familia que le prestó 400 dólares. Para no preocupar a Bette, Ruthie escribió una carta simulando que era Harlow Morell Davis quien les había enviado el dinero.
Tiempos difíciles
Los primeros meses en Hollywood fueron agobiantes para Bette. Las pruebas de fotogenia y vestuario que le hacían le parecían estúpidas y las detestaba profundamente. Por suerte conoció a Reginald Denny, un actor secundario inglés que le aconsejó y creyó en ella desde el primer momento. Denny le presentó también a Bridget Price, una paciente y dulce mujer que años más tarde se convertiría en su insustituible secretaria personal.
En aquellos días difíciles, Belte echó mucho de menos a Ham Nelson. Le escribía a menudo, y en Una carta, él le anunció que viajaría a Los Ángeles próximamente para tocar con la banda de las Olimpiadas. Bette ansiaba casarse con Ham, pero su madre la retenía y le decía que todavía no era el momento.
Cuando ya empezaba a estar harta de Hollywood, Bette rodó su primera película, «Bad sister», en la que también trabajaba un juvenil Humphrey Bogart. Era una película mala y que, encima, tuvo un rodaje difícil porque los técnicos todavía no dominaban los problemas del sonoro. Había que hablar siempre de cara a un micro torpemente escondido y la cámara permanecía inmóvil en un habitación aislada. Desde el primer momento, Bette aborreció a Bogart, a quien siempre consideraría un hombre grosero, bebedor y tremendamente aburrido. Con todos estos problemas no es de extrañar que su actuación no resultara brillante en absoluto.
Pese a que Bette también detestaba a Jr. Laemmle, éste le dio otra oportunidad y la puso en el reparto de «Semilla», un drama que resultó un completo fracaso en taquilla. La mala racha la cortó la esperada visita de Ham. Fueron unos días felices, pero cuando él se fue, Bette quedó muy abatida y eso afectó su trabajo en «Waterloo Bridge». Sin embargo, ésta sí era una buena película y su director, el excelente James Whale, supo sacarle nva interpretación en la que hacía aflorar toda su vulnerabilidad.
La Warner sí supo aprovecharla
Hacía más de un año que estaba en Hollywood y Bette todavía no había conseguido nada destacable. LaUniversal comenzaba a dejarla de lado y ella se convenció de que había llegado el momento de regresar para siempre a Nueva York. Entonces, la suerte que siempre la había acompañado volvió a funcionar y recibió una llamada de George Arliss, una respetadísima estrella de 1a Warner que le propuso ser su compañera en «La oculta providencia», un drama ambientado en Londres, en el que el talento de Bette podría brillar por fin.
La Warner era una compañía joven y emprendedora, que, trabajaba con presupuestos modestos y ajustados y cuyas películas, a diferencia de las lujosas producciones de la Metro, se centraban siempre en personajes de la ca1le. Aquélla era la productora en la que la que el tipo de interpretación sincera de Bette encajaba a la perfección.
Su trabajo en «La oculta providencia» dio un importante empujón en su carrera y en 1932 rodó cinco películas. Ese año volvió a estar a punto de morir quemada, cuando su automóvil se incendió delante de su casa. Bette forcejeó con la puerta, pero fue Bobby quien salió corriendo del edificio y pudo sacarla de aquel infierno, salvándole la vida. Su trabajo en los estudios propició su amistad con otra joven estrella, la rubia Jean Harlow, y con George Brent, un galán de origen irlandés del que Bette quedó prendada. Brent, sin embargo, no le hizo ningún caso.
Primera boda
El hecho de que Bette fuera todavía virgen comenzaba a ser perjudicial para su trabajo, puesto que muchas veces interpretaba personajes con una fuerte carga erótica. Ella y Ruthie se sentaron y discutieron el asunto. Ham era un hombre sano, ganaba un sueldo y tenía la edad adecuada. Era pues, un candidato aceptable. De esta forma tan romántica, Ruthie le eligió un marido a su hija. De esta forma tan romántica, Ruthie le eligió un marido a su hija.
Cuando Ham se le declaró, Btte aceptó tan rápidamente que le dejó pasmado. La boda no fue nada del otro mundo. Para no tener que esperar el tiempo que marcaban las leyes de California, Bette, su madre y su novio se montaron en un coche y viajaron bajo un sol de justicia hasta el Estado de Arizona. Al llegar a Yuma, Ham compró el anillo y se casaron en una modesta capilla.
Los problemas para el matrimonio no tardaron en llegar. Ham era un hombre blando y poco ambicioso, pero difícilmente podía soportar ser el marido anónimo de una esposa cada día más famosa. El trabajo de ambos apenas si les dejaba tiempo para verse y para él resultaba humillante que Bette prácticamente le mantuviera (ella pronto cobraría diez veces más que él).
Esta situación turbaba terriblemente a Bette, pues para ella la familia era lo más importante. La vida social era su único consuelo y empezó a acudir a multitud de fiestas, sin Ham pero con una Ruthie que solía ir mucho mejor vestida que ella. A la madre, que siempre la había apoyado, le ha había llegado el momento de recoger los frutos y gastaba sin reparo cuanto dinero podía.
En medio de esta tensa situación ocurrió algo todavía peor. Bobby, celosa del éxito de su hermana, intentó ser también actriz. Sin embargo, no tenía talento y los estudios la rechazaron una y otra vez, Inestable y rozando la esquizofrenia, sufrió ,un colapso total y Ruthie tuvo que llevársela al Este para que la tratasen. Encerrada en un centro, se pasaba los días gritando que su hermana le había robado la oportunidad de hacer carrera.
La única película destacable, que rodó Bett en este período fue «20.000 años en Sing Sing». En ella trabajó junto a Spencer Tracey y de ahí_nació una amistad y admiración mutua que se mantendría a lo largo de los años.
Pese a sus muchas diferencias, Bette y Ham se aferraban a su relación de forma casi desesperada. Su progreso en el cine la hizo cambiar de carácter y se volvió más nerviosa, exagerada y dramática. Su prestigio aumentaba y consiguió que le permitieran hacer «Cautivos del deseo», en donde interpretó un papel que asustaba a todas las actrices de Hollywood y en el que debía aparecer fea y desagradable. Era una película que deseaba hacer con toda su alma, pero entonces se quedó embarazada y decidió abandonar el proyecto. Sin, embargo, cuando lo comentó con Ham, él se asustó y le dijo que debía deshacerse del niño. Ham no quería hijos porque le avergonzaba no poder mantenerlos. Ruthie, quien temía perder su estatus recién adquirido, también le aconsejó abortar. Con el corazón roto, Bette hizo lo que le decían, pero ése fue el principio del fin de su relación con su esposo.
Capítulo 4
El Oscar por Jezabel y su primer amante
"Cautivos del deseo" resultó ser una buena película, en la que Bette pudo descargar sus frustraciones. Desafortunadamente, el público no la entendió y el filme fue un fracaso de taquilla, aunque el prestigio de Bette sí aumentó considerablemente gracias a su gran interpretación. Después llegarían "Barreras infranqueables" y "Dangerous" (Peligrosa). Estas no eran grandes películas, pero sí excelentes trabajos de la actriz, en los que llegaría a arriesgar su precario equilibrio psicológico para conseguir lo mejor de sí misma. Como resultado, a finales de 1935 se podía considerar que Bette era una estrella a nivel internacional.
La Warner le fabricó a Bette una imagen pública alegre y despreocupada, a años luz de lo que era en realidad su vida privada, con gravísimos problemas con su marido, su madre y su hermana. Ham continuaba mortificado por la humillación que suponía ganar diez veces menos que su esposa y el matrimonio iba de mal en peor.
Bette rodó "El bosque petrificado", una historia de gansters con Leslie Howard y Humphrey Bogart. Howard, recordémoslo, la odiaba, pero el prestigio de Bette era ya tal que no puso pegas a tenerla en la película. Fue un rodaje dificultoso, plagado de los problemas de salud de Bette que se irían repitiendo periódicamente y con constantes piques entre la actriz y el director. Sin embargo, el resultado final sería nuevamente estimable. Después, Bette empezaría a tener problemas con la Warner que acabarían con una guerra entre el estudio y la actriz que llenaría páginas y páginas de los periódicos de la época. Jack Warner y Hal Wallis, los directivos de la Warner la obligarían a actuar en "The man with the black hat" y "Cream princess", dos películas que Bette consideraba indignas y en las que intervino más que nada para hacer frente a sus cada vez más acuciantes problemas económicos. Sin embargo, en medio de aquella situación, Bette recibiría una enorme y grata sorpresa.
En 1935, Bette recibiría su primer Oscar por "Dangerous" (Peligrosa). La actriz no esperaba ni mucho menos esta distinción. Acudió a la gala casi por obligación y cuando el maestro de ceremonias anunció su nombre, casi no lo podía creer. A Bette, "Dangerous" no le gustaba especialmente (más bien todo lo contrario), pero pensó que el Oscar le daría fuerza para luchar contra los abusos a los que la sometía Jack Warner. Escribió una carta en la que le pedía más dinero, más vacaciones y más poder para elegir los guiones en los que tenía que colaborar. Además, también exigió elegir los programas radiofónicos en los que debía intervenir. Warner no aceptó ninguna de las condiciones de su estrella y esto abrió una batalla legal que llegaría a su punto álgido cuando la Warner suspendió a Bette de sus funciones y ella aceptó la propuesta de un productor polaco para rodar dos películas en Inglaterra.
Bette abandonó Hollywood vía Vancouver y, pese a que intentó ocultarse de los periodistas, al llegar a Canadá se vio rodeada de reporteros. Presionada por el ambiente, lanzó duras críticas contra la Warner y anunció que se iba a Europa para iniciar allí una nueva carrera. Esto no tenía fundamento legal alguno, pues Bette tenía firmado contrato en exclusiva con el estudio.
El viaje hasta Inglaterra sirvió para que las cosas entre Bette y Ham mejoraran ostensiblemente. Ambos llegaron a Inglaterra enamorados otra vez. Antes de empezar a rodar en el viejo continente, Bette debía solventar sus problemas legales con la Warner. El estudio había contratado a una prestigiosa firma de abogados británicos para impedirle rodar un solo plano. Ella ignoró el problema y, mientras esperaba, se dedicó a ver el país con Ham. De esta forma pudo darse cuenta de que en las islas británicas era todavía más querida que en los Estados Unidos. Su carácter educado y su inteligencia la hacían diferente de la mayoría de las estrellas de Hollywood que habían pasado por el país.
Los problemas empezaron a hacerse patentes cuando el dinero comenzó a escasear. La Warner la demandó y contrató a sir Patrick Hastings, un formidable, cruel e irónico abogado que se preparó para hacerla pedazos en el estrado. Para pagar su defensa, Bette tuvo que pedir un adelante a su productor. Contrató a uno de los mejores abogados ingleses, pero incomprensiblemente, este llevó su caso como un principiante.
Para colmo de males, Ham volvió a impacientarse y decidió marcharse a América y aceptar una oferta de trabajo. Bette le suplicó que se quedase, pero él no hizo caso y, encima, Bette debió pagarle el billete de vuelta. Cuando se celebró la vista, Hastings crucificó a Bette ante la atónita mirada de su abogado y con la complacencia del juez, a quien no le gustaban aquellos ejemplares de Hollywood. Bette tuvo que volver a Nueva York y trabajar otra vez para Jack Warner, que en un "generoso" gesto (no olvidemos que Bette era toda una estrella) le había perdonado.
Jezabel
Al volver a la Warner, el estudio la recibió con una película de bajo presupuesto pero ideal para ella. Se trataba de "The marked woman", historia de gansters basada en un asunto real en el que había estado implicado el famoso Lucky Luciano. Bette era una bailarina de mala reputación y su "querido" Bogart, su compañero en los títulos de crédito.
El rodaje, como siempre, fue problemático, pero Bette volvió a lograr un gran trabajo, con lo que consiguió un adelante de 14.000 dólares con los que pagar las deudas contraídas en Inglaterra.
El proyecto de "Jezabel" lo inició el estudió pensando en Bette como la protagonista idónea. "Esta historia de una zorra sureña sería ideal para Bette Davis", cuentan que le dijo uno de sus colaboradores a Jack Warner. Los problemas llegaron por vía de una vieja conocida: Miriam Hopkins. La actriz, todavía celosa de Bette, poseía los derechos de la novela y se negaba a venderlos si no era conla condición de ser ella la protagonista. No cedió hasta que le paragon 12.000 dólares y la engañaron asegurándole que ella sería la primera elección. Mientras esperaba a "Jezabel", Bette encadenó una serie de fatigosos rodajes. Nunca veía a Ham, quien trabajaba de noche, justo cuando ella dormía después de llegar muy tarde a casa. En este aspecto, Bette nunca estuvo tan bien tratada por su estudio como otras estrellas del orden de Katherine Hepburn o Greta Garbo en la RKO o la Metro. Su madre seguía gastando a manos llenas en coches, joyas y vestidos (y esto nunca le supo mal a Bette) y Bobby seguía internada, por todo lo cual seguí pagando facturas astronómicas.
Con Ham, las cosas habían llegado a su fase terminal. El hecho de estar siempre oscurecido por su esposa y el cambio en el carácter de Bette, de una dulce y sumisa jovencita a una mujer con el temperamento de una tormenta, fueron demasiado para el músico.
Finalmente, Bette consiguió unas vacaciones simulando que había padecido una insolación y no volvió a trabajar hasta que "Jezabel" estuvo por fin a punto.
Wyler entra en escena
"Jezabel" sería muy importante porque Bette conocería durante el rodaje a William Wyler, el primero de sus amantes. Se trataba de un director menudo, inagotable y perfeccionista que se encontraba entre los tres mejores de Hollywood. Bette quedó inmediatamente fascinada por él. Era todo lo contrario que Ham: ambicioso, inteligente y dominador. Ambos se enamoraron enseguida y a lo largo de la filmación iniciaron su tempestuoso romance. De Wyler, Bette aprendería a dominar su temperamento y a utilizar sus tensiones en beneficio de su trabajo.
El rodaje de "Jezabel" estuvo plagado de problemas. Las tensiones derivadas de su romance con Wyler y de la importancia que Bette sabía que tendría la película para su carrera, afectaron su débil salud con mil y un problemas. Para colmo de males, Henry Fonda, el protagonista masculino, tenía una prisa enorme por terminar el rodaje, pues su esposa estaba a punto de dar a luz un bebé que después sería Jane Fonda. En vez de avanzar deprisa, el rodaje se retrasó una y otra vez y Bette estuvo a punto de sufrir una crisis nerviosa en varias ocasiones.
Capítulo 5
Con William Wyler perdió al hombre de su vida
Al terminar «Jezabel», Bette te estaba física y mentalmente extenuada. Su médico le recetó descanso absoluto y le prohibió trabajar en otro filme hasta no haberse repuesto. Ocultar su romance con William Wyler, un hombre del que estaba enamoradísima, había resultado especialmente difícil.. Si la hubiesen descubierto, las ligas de decencia que por aquella época tenían un enorme poder hubiesen podido destrozar fácilfuente su carrera, pues el adulterio era algo que entonces no se perdonaba.
Al terminar «Jezabel», sin embargo, la relación entre Bette y Wyler empezó a flaquear. Por un lado ambos se atraían enormemente, pero por otro era imposible que estuvieran juntos demasiado tiempo. A Wyler le exasperaba el temperamento neurótico de Bette, mientras que ella temía ser devorada por una personalidad tan desbordante como la del director.
Howard Hughes, su segundo amante
Justo entonces apareció Howar Hughes en la vida de Bette. Este era uno de los personajes más curiosos de la época. Tan rico como misterioso, Hughes había rodado «Hell's Angels», sin duda la mejor película que se había hecho jamás sobre temas aéreos. Hughes, que mantenía un sonado romance con Katharine Hepburn, conoció a Bette durante una fiesta y ella quedó prendada de su encanto.

